SUPERMERCADOS CARACOL: 50 AÑOS DE UNA HISTORIA FAMILIAR QUE COMENZÓ CON UNA FIAMBRERÍA EN RÍO TERCERO
La empresa nació en 1976 como Fiambrería Marité y hoy cuenta con 10 sucursales, más de 300 colaboradores y proyectos de expansión, tecnología y energía renovable.
La historia de Supermercados Caracol comenzó en 1976, cuando Miguel Ángel Chiaraviglio, junto a María Esther, decidió dejar atrás sus años de trabajo en una empresa frigorífica para iniciar un emprendimiento propio en Río Tercero.
El primer paso fue una pequeña fiambrería llamada Marité, ubicada sobre calle Libertad, en el centro de la ciudad. Con el tiempo se incorporaron productos de almacén y nuevos rubros, mientras aquel comercio familiar comenzaba a transformarse en una empresa que cinco décadas después tendría presencia en distintas localidades de la región.

Marcela Chiaraviglio, integrante de la segunda generación familiar que actualmente conduce la empresa junto a Alejandra y José, recuerda aquellos primeros años especialmente por el esfuerzo de sus padres.
“Recuerdo mucho el sacrificio de todos, de mi padre trabajando todo el día”, contó.
La vida familiar estaba atravesada por el trabajo. Salir de la escuela y, en determinadas ocasiones, ir a reponer mercadería los sábados era parte de la rutina.
Incluso actividades que para otros chicos podían ser simplemente momentos de recreación tenían otra lógica en aquella familia.
“Para ir a la pileta, al club, que era una época que no estaba muy de moda, teníamos que ir a trabajar para ganar un pesito e ir a la pileta. Entonces todo tenía un valor, no era todo gratis”, recordó Marcela.
DE MARITÉ A CARACOL
Después de aquel comienzo sobre calle Libertad llegó el primer local propio, ubicado en Hipólito Yrigoyen 530, en barrio Las Violetas.
En 1983, la familia se incorporó a la Cooperativa Caracol. Tiempo después, esa cooperativa se disolvió y la familia continuó desarrollando el proyecto bajo el nombre que posteriormente identificaría a la empresa.
En 1999, la firma volvió a formar parte de una experiencia asociativa al incorporarse al denominado Grupo Cuatro, integrado también por las cadenas cordobesas Mariano Max, Top y Becerra.
A partir de 2001 comenzó la expansión hacia otras localidades. Primero llegó Embalse y posteriormente se sumaron Almafuerte, Oliva y Hernando.
Actualmente, Supermercados Caracol cuenta con 10 sucursales: seis en Río Tercero y otras cuatro distribuidas entre Almafuerte, Embalse, Oliva y Hernando.
La empresa emplea a más de 300 personas y mantiene además vínculos con instituciones educativas mediante pasantías y programas de incorporación laboral.

CINCO DÉCADAS ATRAVESADAS POR LAS CRISIS
Durante estos 50 años, la empresa atravesó diferentes momentos económicos del país.
Marcela recuerda especialmente una de las primeras crisis, cuando la familia había comprado el local de calle Libertad. La devaluación complicó aquella etapa y obligó a reorganizar la economía familiar para afrontar los compromisos asumidos.
“Nosotros arrancamos muy de abajo y eso fue creciendo. Crisis económicas hubo un montón, de todos los colores”, señaló.
En ese recorrido, Marcela identifica la adaptación como una de las cuestiones que permitió continuar con la actividad.
“Creo que en este país nos acostumbramos a vivir con una crisis en forma permanente. Y bueno, se han ido superando. Nos hemos ido adaptando”, expresó.
A las dificultades económicas también se sumaron momentos personales que modificaron la estructura de la empresa. Uno de los más importantes fue la muerte de Miguel Ángel Chiaraviglio, en 2002.
Su hermano continuó trabajando dentro de la empresa y Marcela asumió nuevas responsabilidades.
“Había que aprender bastante. Aprender a negociar con los proveedores, aprender cómo comunicar todo esto más, que uno ha estado toda la vida ahí adentro. Pero bueno, cosas técnicas no se sabían”, recordó.
UNA EMPRESA FAMILIAR QUE LLEGÓ A TRES GENERACIONES
El crecimiento de la empresa no modificó su carácter familiar.
La segunda generación, integrada por Marcela, Alejandra y José, tomó la conducción de la compañía y actualmente la tercera generación también comenzó a incorporarse activamente.
Uno de los hijos de Marcela comenzó a trabajar en la empresa hace aproximadamente un año.
La llegada de los más jóvenes incorpora nuevas miradas vinculadas con la digitalización, la innovación y las nuevas tecnologías, dentro de una estructura que mantiene los valores de sus comienzos.
En palabras de la propia empresa, cumplir 50 años representa también la continuidad de las raíces familiares y del vínculo construido con la comunidad.

LA CERCANÍA COMO PARTE DE LA IDENTIDAD
A medida que Caracol creció también cambiaron sus dimensiones. Sin embargo, Marcela señala que hay aspectos de los primeros años que continúan formando parte de la identidad de la empresa.
Entre ellos ubica especialmente el vínculo con quienes compran en sus sucursales.
“Hoy, lo que nosotros queremos hacer, la diferencia, apuntamos a la diferencia en higiene, limpieza, el trato con el cliente, la cercanía del cliente”, explicó.
Esa idea está relacionada con el slogan “Siempre Cerca Tuyo” y con una estrategia de distribución que buscó mantener los locales próximos a los distintos barrios y comunidades.
“Siempre quisimos estar distribuidos en los distintos barrios. Siempre cerca del cliente, pero de otro trato, en el trato de ‘te conozco como vecino, sé quién sos’”, señaló Marcela.
INCLUSIÓN Y TRABAJO CON APADIM
La inclusión laboral también forma parte del recorrido de la empresa.
Marcela recordó especialmente el caso de un trabajador que llegó a Caracol a través de una pasantía y que actualmente lleva 25 años trabajando allí.
Según relató, cuando finalizó aquella primera experiencia, el joven se acercó a Miguel Ángel Chiaraviglio para plantearle que quería continuar trabajando.
“Nosotros creemos en esa oportunidad”, sostuvo Marcela.
La empresa volvió a trabajar con APADIM y mantiene actualmente esa posibilidad de incorporación a través de programas de inclusión laboral.
“Porque es la esencia de la empresa. A nosotros nos parece importante la inclusión”, afirmó.
Marcela también señaló que no siempre resulta sencillo adaptar determinados puestos de trabajo, pero que esa dificultad no significa que las personas no puedan desarrollar una actividad laboral.
UNA PARTE DE LA EMPRESA QUE NO SIEMPRE SE VE
La relación con la comunidad también aparece en distintas acciones que la familia sostiene desde hace años.
Marcela contó que todas las semanas Cáritas recibe parte de la panificación de la empresa y que también se realizan donaciones a merenderos.
Durante la pandemia, Caracol realizó aportes y donaciones destinados a personas de la comunidad.
“Siempre hay una parte nuestra que por ahí no se muestra, pero que siempre tenemos que ayudar en esto, porque tenemos una sociedad y tenemos una responsabilidad social como empresa de Río Tercero muy fuerte”, expresó.
CARACOL Y LOS DÍAS DE LAS EXPLOSIONES DE 1995
Entre los recuerdos familiares también aparecen acontecimientos que marcaron profundamente a Río Tercero.
Marcela recordó especialmente los días posteriores a las explosiones de noviembre de 1995.
El hipermercado había sido inaugurado el 1 de diciembre de ese año, pocas semanas después de las explosiones del 3 de noviembre. Según relató, todavía se estaban realizando trabajos en el establecimiento y algunas instalaciones se encontraban pendientes.
También recordó la llegada de camiones que debían descargar heladeras y otros elementos para el nuevo hipermercado.
En aquel momento, las oficinas se encontraban en la parte superior del supermercado de calle Liniers. El movimiento de los camiones quedó asociado a uno de los recuerdos particulares de aquellos días.
Pero entre las imágenes que Marcela conserva aparece especialmente la actitud de su padre frente a la situación que atravesaba la ciudad.
Miguel Ángel Chiaraviglio decidió colaborar con quienes participaban de las tareas de emergencia.
Marcela recordó que su padre le pidió a ella y a sus amigas que consiguieran una moto para salir a repartir agua.
También enviaban sándwiches a policías, bomberos, soldados y otras personas que participaban de las tareas vinculadas con las explosiones.
En medio de aquella situación, la familia llegó incluso a plantearse la posibilidad de irse.
“Vámonos”, le dijeron.
La respuesta de su padre fue otra:
“No, yo no me pienso ir de acá.”
UNA HISTORIA DE SOLIDARIDAD
Las acciones solidarias vinculadas con la empresa también tienen antecedentes anteriores a aquellos acontecimientos.
Marcela recordó que su padre impulsó en 1996 una maratón solidaria en Río Tercero, cuando la ciudad todavía atravesaba las consecuencias de las explosiones.
Según su recuerdo, la actividad llegó a reunir alrededor de 3.200 inscriptos y contemplaba distintos recorridos para permitir la participación de niños, adultos mayores y personas que quisieran realizar distancias de cinco o diez kilómetros.
El dinero recaudado era destinado a instituciones.
Marcela recordó especialmente distintas acciones realizadas junto con la Clínica Modelo y donaciones destinadas a APADIM, APAHUD y merenderos.
“Siempre ayudando, solidaridad”, resumió al recordar aquella etapa.
UNA ESTRUCTURA QUE SIGUE CRECIENDO
A cinco décadas de aquel comienzo, la empresa mantiene proyectos destinados a ampliar su capacidad operativa.
Uno de los principales está relacionado con la ampliación del centro de distribución, que proyecta alcanzar los 3.000 metros cuadrados.
También está prevista la ampliación del sector de perecederos, con 700 metros cuadrados de nuevas cámaras frigoríficas y un plan edilicio y tecnológico destinado a optimizar los procesos de la cadena de frío, aumentar el almacenamiento y mejorar el abastecimiento de las sucursales.
La estructura actual cuenta con un centro de distribución y un centro de perecederos destinado al fraccionamiento de lácteos, fiambres y chacinados. La empresa también posee producción propia de panificados.
A estos proyectos se suman la remodelación de distintas sucursales, la ampliación de depósitos y la modernización de la estructura logística.
Para Marcela, estas ampliaciones son necesarias para acompañar el crecimiento y avanzar hacia nuevos proyectos de la empresa.

TECNOLOGÍA E INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La nueva etapa también incorpora herramientas tecnológicas.
Según informó la empresa, Caracol avanza en la implementación de sistemas y herramientas de inteligencia artificial destinados a optimizar procesos internos, modernizar la gestión logística, mejorar la eficiencia y ampliar la capacidad operativa del centro de distribución.
La incorporación de estas tecnologías se suma a los cambios que la empresa viene desarrollando para modernizar su estructura.
ENERGÍA RENOVABLE Y RECICLADO
La sustentabilidad también forma parte de los proyectos actuales.
Supermercados Caracol ya cuenta con un sistema de paneles solares instalado en su centro de distribución y proyecta ampliar su capacidad de generación de energía renovable.
El objetivo planteado por la empresa es mejorar la eficiencia energética de sus instalaciones y disminuir el impacto ambiental de sus operaciones.
A esto se suman las tareas de recuperación y reciclado de materiales como cartón, papel y nylon, una práctica que la empresa desarrolla desde hace más de una década.
CINCUENTA AÑOS Y UNA NUEVA GENERACIÓN
Cinco décadas después de aquella primera fiambrería de calle Libertad, la historia de Caracol continúa dentro de la misma familia.
El emprendimiento iniciado en 1976 por Miguel y María Esther se transformó en una empresa con 10 sucursales, más de 300 colaboradores y presencia en Río Tercero, Embalse, Almafuerte, Oliva y Hernando.
La segunda generación asumió la conducción y la tercera comenzó a incorporarse a la actividad.
Mientras la empresa proyecta ampliar su estructura logística, incorporar tecnología, desarrollar nuevas herramientas de inteligencia artificial y aumentar el uso de energía renovable, la historia familiar continúa ligada a una idea que Marcela destaca desde sus recuerdos de infancia: el trabajo como parte de la vida cotidiana.
Cinco décadas después, aquella pequeña Fiambrería Marité se convirtió en Supermercados Caracol.
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Lucas Fallocco Carranza
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