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Que Río Tercero haya sido distinguida como la ciudad con mejor calidad de vida de la Argentina representa, sin dudas, una noticia que llena de orgullo a toda la comunidad. El reconocimiento, elaborado sobre distintos indicadores sociales, económicos, urbanos y ambientales a partir de datos del Censo Nacional 2022, ubica a la ciudad en un lugar de privilegio entre las principales localidades del país.

Más allá de que el estudio refleje una realidad correspondiente a ese período, la distinción permite poner en valor una serie de fortalezas que Río Tercero viene consolidando desde hace años y que hoy la convierten en un punto de referencia dentro del interior provincial.

Uno de esos pilares es la salud. La ciudad cuenta con un moderno Hospital Provincial Regional que se ha transformado en un centro de referencia para una amplia zona del centro del país, realizando procedimientos y cirugías de alta complejidad que, en muchos casos, solo se practican en pocos hospitales del interior cordobés. A ello se suma el Centro Pediátrico Municipal, reconocido por la atención especializada que brinda a niños y adolescentes, además de una red de doce centros asistenciales distribuidos en distintos sectores de la ciudad, fortaleciendo la atención primaria y acercando los servicios de salud a los vecinos.

En materia educativa, Río Tercero también comienza a proyectarse hacia un nuevo escenario. La Universidad Nacional de Río Tercero, junto con el crecimiento de la Universidad Provincial, representan una oportunidad histórica para consolidar un verdadero polo educativo regional. La llegada de estudiantes de distintas localidades no solo fortalecerá la oferta académica, sino que también impulsará el desarrollo económico, comercial e inmobiliario.

Ese crecimiento ya comienza a observarse. Cada vez más empresas constructoras y desarrolladores privados apuestan por Río Tercero, convencidos de su potencial. Nuevos edificios, loteos y emprendimientos inmobiliarios reflejan una ciudad que continúa expandiéndose y que despierta interés para invertir.

El mismo fenómeno se traslada al comercio. Los elevados valores de alquiler en algunos sectores del centro hacen que muchos emprendedores busquen alternativas sobre arterias como Peñaloza y Felipe Varela, donde viviendas son remodeladas y adaptadas para convertirse en locales comerciales, dando origen a nuevos corredores que acompañan la expansión urbana.

También existen indicadores que muestran el dinamismo productivo de la ciudad. El Parque Industrial prácticamente agotó la disponibilidad de terrenos, una situación que refleja la demanda existente por parte de empresas interesadas en radicarse en Río Tercero. Ante ese escenario, ya se trabaja en la incorporación de nuevas tierras que permitan ampliar ese espacio y sostener el crecimiento industrial.

A la par de ese desarrollo aparecen proyectos de planificación que buscan acompañar la transformación urbana. La remodelación de la Plaza San Martín, las distintas etapas de recuperación del Balneario Municipal (cada vez más elegido por vecinos y visitantes de la región) y la posibilidad de un futuro traslado de la Terminal de Ómnibus a un sector cercano al nuevo Hospital Provincial forman parte de una visión que apunta a reorganizar y potenciar distintos sectores de la ciudad.

Por supuesto, ningún reconocimiento significa que todo esté resuelto. En materia de seguridad, como sucede en gran parte del país, Río Tercero atraviesa ocasionalmente momentos donde determinados hechos delictivos generan preocupación en la comunidad. Son situaciones que requieren respuestas permanentes y políticas preventivas, aunque no alcanzan a modificar el perfil general de una ciudad que continúa destacándose por su calidad de vida.

Sin embargo, probablemente el mayor desafío hacia adelante sea otro.

Río Tercero nació y creció de la mano de su desarrollo industrial. Sus fábricas forman parte de la historia, del empleo y del crecimiento económico local. Nadie puede desconocer el enorme aporte que ese sector ha realizado durante décadas. Pero también es cierto que la ciudad fue creciendo alrededor de ese polo industrial y hoy la realidad urbana es muy diferente a la de hace cincuenta o sesenta años.

Los distintos episodios relacionados con escapes de gas registrados a lo largo del tiempo vuelven a instalar una preocupación que no debería analizarse únicamente cuando ocurre una emergencia. Si Río Tercero aspira a sostener el reconocimiento como una de las ciudades con mejor calidad de vida del país, la seguridad industrial y la calidad ambiental deben ocupar un lugar prioritario dentro de la planificación.

El crecimiento urbano hace que cada vez existan más barrios, viviendas, escuelas, comercios y espacios públicos próximos a sectores fabriles. Esa convivencia exige controles permanentes, inversiones en prevención, tecnología, monitoreo ambiental y protocolos de seguridad que evolucionen al mismo ritmo que lo hace la ciudad.

No se trata de cuestionar la existencia del polo industrial ni de poner en duda su importancia para la economía local. Por el contrario, el desafío consiste en demostrar que una ciudad puede seguir creciendo, generar empleo, atraer inversiones y fortalecer su industria sin resignar las condiciones ambientales y de seguridad que precisamente le permitieron ser reconocida por su calidad de vida.

Ese es, quizás, el verdadero significado de esta distinción. Haber sido elegida como la ciudad con mejor calidad de vida no debe entenderse como una meta alcanzada, sino como un compromiso hacia el futuro. Porque conservar ese lugar exigirá seguir invirtiendo en salud, educación, infraestructura, espacios públicos, desarrollo productivo y planificación urbana, sin dejar de afrontar con responsabilidad aquellos desafíos que inevitablemente aparecen cuando una ciudad crece.

Los reconocimientos generan orgullo. Pero también invitan a mirar más lejos. Y si Río Tercero quiere seguir siendo un ejemplo para el resto del país, probablemente el mayor desafío no sea haber llegado al primer lugar, sino hacer todo lo necesario para permanecer en él.

Autor: admin