¿HASTA DÓNDE LLEGA LA AUTORIDAD DE UN INSPECTOR DE TRÁNSITO?
Lo ocurrido en Los Cóndores ya no es solo un hecho policial o de tránsito. Los videos, los testimonios y el silencio oficial convirtieron este episodio en un tema de interés público que merece respuestas claras.

Un control de tránsito debería terminar con una infracción, una advertencia o, si corresponde, el secuestro de un vehículo. Nunca debería terminar con golpes, forcejeos y personas reducidas en el suelo. Sin embargo, eso es precisamente lo que muestran los videos que comenzaron a circular este lunes desde la localidad de Los Cóndores.
Las primeras imágenes mostraban una pelea entre un inspector municipal de tránsito y un motociclista. Horas después apareció un segundo video, más breve, donde se observa al joven reducido en el piso mientras el inspector lo sostiene del cabello. Como toda grabación, esas imágenes muestran solo una parte de lo ocurrido y no permiten conocer por sí solas el contexto completo del procedimiento. Justamente por eso resulta indispensable una explicación oficial.
Tras la publicación realizada por Prego, comenzaron a llegar numerosos mensajes de vecinos que decidieron contar sus experiencias y expresar su preocupación. Muchos de ellos cuestionan el accionar del inspector involucrado y sostienen que no sería la primera vez que se producen situaciones de conflicto. Esos testimonios pertenecen exclusivamente a quienes los realizaron y deberán ser analizados por las autoridades competentes.

Según manifestó la familia del motociclista y también afirmaron vecinos que se comunicaron con Prego, el joven tendría un 80% de discapacidad. De acuerdo con esos testimonios, esa condición debió haber sido considerada durante el procedimiento. Esa información surge de los relatos recibidos por este medio y, hasta el momento de esta publicación, no fue confirmada oficialmente por las autoridades.
A esos testimonios se suma el relato de la madre del joven, quien difundió un audio describiendo lo que, según afirma, ocurrió durante el procedimiento. De acuerdo con su versión, su hijo "se estaba poniendo el casco" cuando fue increpado por el inspector. También sostuvo que el agente le habría dirigido expresiones ofensivas antes de que comenzara el forcejeo.
La mujer relató además que, una vez en el suelo, su hijo "tenía un mechón de pelo agarrado", que el inspector "le pegaba en la cara" y que incluso "lo asfixiaba con una rodilla en el cuello". En otro tramo del audio asegura que le pedía desesperadamente que dejara de golpear al joven mientras este permanecía reducido. Estas afirmaciones forman parte del testimonio de la madre y deberán ser corroboradas mediante la investigación correspondiente.

MIRA ACA EL VIDEO DE LO SUCEDIDO EN LOS CONDORES
Otros vecinos también señalaron a Prego que cuestionan cómo se habría desarrollado el procedimiento policial posterior al hecho y manifestaron que esperan que todas las versiones sean escuchadas. Se trata, igualmente, de expresiones realizadas por particulares que no cuentan, hasta el momento, con una confirmación oficial.
Desde Prego intentamos comunicarnos con autoridades de la Municipalidad de Los Cóndores para conocer la versión institucional de lo sucedido y brindar a nuestros lectores todas las voces involucradas. Sin embargo, hasta el cierre de esta publicación no fue posible obtener una respuesta.

Y aquí aparece la verdadera discusión.
La función de un inspector de tránsito es fundamental. Nadie discute la importancia de controlar el cumplimiento de las normas, exigir el uso del casco o prevenir accidentes. La seguridad vial salva vidas y las reglas deben respetarse.
Pero esa misma autoridad tiene límites. La ley otorga facultades para controlar, identificar y labrar infracciones; no habilita excesos, agresiones ni actuaciones que puedan poner en duda la legalidad de un procedimiento. Del mismo modo, ningún ciudadano tiene derecho a responder con violencia frente a un control. Si existieron agresiones de cualquiera de las partes, deberán ser determinadas por la Justicia y por las investigaciones correspondientes.
Precisamente por eso este caso no debería quedar reducido a un simple video viral. La comunidad necesita saber qué ocurrió antes, durante y después de las imágenes que todos vieron. Necesita conocer si los protocolos fueron respetados, si el procedimiento fue proporcional y si cada uno de los involucrados actuó dentro de los límites que establece la ley.
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Cuando una situación como esta genera tanta repercusión, el silencio oficial solo alimenta dudas, versiones y desconfianza. La mejor respuesta siempre será la transparencia.
Hoy Los Cóndores espera explicaciones. No para condenar anticipadamente a nadie, sino para conocer la verdad. Porque la confianza en las instituciones también se construye dando respuestas cuando la sociedad las reclama.
Y la pregunta que queda abierta es tan simple como necesaria:
¿Hasta dónde llega la autoridad de un inspector de tránsito y dónde comienza el deber del Estado de explicar lo que ocurrió cuando un procedimiento termina a los golpes?
Lucas Fallocco Carranza
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