ADIÓS A LA SEÑO SULMA: EL ABRAZO QUE MARCÓ GENERACIONES
La comunidad educativa y numerosas familias despiden hoy con profundo dolor a Sulma Raquel Fernández, la querida maestra jardinera que dejó una huella imborrable en generaciones de niños. Tenía 58 años y fue, para muchos, la primera guía fuera del hogar, la que enseñó a dar los primeros pasos en el aprendizaje desde el afecto y la ternura.
La noticia de su fallecimiento se conoció en la tarde de hoy y causó una profunda conmoción entre quienes tuvieron la oportunidad de compartir con ella el paso por el nivel inicial. Sulma no solo enseñaba: cuidaba, acompañaba y contenía. Para los más pequeños, el jardín era un lugar seguro porque ella estaba allí.
Convencida de que el aprendizaje nace del amor, supo acompañar con paciencia infinita los primeros garabatos, las primeras palabras y los primeros vínculos. En sus salas, el juego, el respeto y la confianza eran parte esencial de cada jornada. Su forma de enseñar no se apoyaba en la rigidez, sino en el abrazo oportuno, la mirada atenta y la palabra justa.
Una vida marcada por el amor
El pasado 14 de febrero, Sulma había celebrado sus 58 años. Haber nacido en el Día del Amor y la Amistad fue, para muchos, un símbolo que la representó plenamente. Ese mismo amor es el que hoy atraviesa el recuerdo de padres y madres que se enfrentan a una de las explicaciones más difíciles: cómo contarle a un niño que su seño ya no va a estar.
Para ellos, Sulma era la seguridad cotidiana: la que secaba lágrimas, alentaba sonrisas y celebraba cada pequeño logro. Su ausencia hoy se explica desde la memoria viva de cada dibujo, cada canción y cada juego compartido; desde la certeza de que ese cariño permanece.
Una jubilación reciente, una huella eterna
El año pasado, Sulma había iniciado su jubilación, cerrando una etapa de décadas de entrega a la docencia. Lo hacía con la tranquilidad de haber dado todo y con el deseo de dedicar más tiempo a su hogar y a su familia, como solía decir. Su retiro fue emotivo, cargado de agradecimientos y reconocimiento.
Un legado que perdura
Las muestras de afecto y el dolor compartido reflejan con claridad la marca que dejó en su paso por las aulas:
- Docencia inicial: priorizó siempre el acompañamiento y el afecto antes que el señalamiento.
- Humanidad: trató a cada alumno con respeto, cuidado y amor.
- Huella: generaciones enteras conservan el recuerdo de sus manos guiando los primeros trazos.
Se fue una maestra jardinera que enseñó desde el corazón. Quedan su risa, su voz suave y la calidez de sus abrazos en la memoria de quienes crecieron un poco más seguros gracias a ella.
DESDE QUIENES HACEMOS PREGO ACOMPAÑAMOS EN ESTE MOMENTO TAN DURO A SUS FAMILIARES Y ALLEGADOS, Y COMPARTIMOS SU DOLOR. ADIÓS SEÑO SULMA
Sus restos son velados en Acuña 867, sala E, en la ciudad de Río Tercero. El sepelio se realizará el jueves 20 de febrero de 2026, en el Cementerio Parque Cooperativo, con horario a confirmar.
Lucas Fallocco Carranza
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